Las Residencias Anna Mar fueron un condominio residencial de tipología multifamiliar, que se erigió como parte del desarrollo urbano costero en el Litoral Central venezolano. El edificio se ubicaba estratégicamente en la Calle El Hotel, dentro de la Parroquia Urimare, en la localidad de Catia la Mar, Municipio Vargas, en el estado La Guaira. Con una altura estimada de 41,4 metros y un área de huella que abarcaba aproximadamente 251,9 m², la edificación representaba una escala considerable para los desarrollos residenciales de la zona, característica de las construcciones que buscaban aprovechar la cercanía al mar Caribe y la demanda de viviendas en el litoral. Su diseño y construcción se integraron en un contexto de crecimiento que transformó a Catia la Mar en un importante centro de vida y actividad para la región costera.
¿Qué pasó con Residencias Anna Mar?
En junio de 2026, el estado La Guaira fue el epicentro de dos potentes terremotos consecutivos que sacudieron la costa norte de Venezuela, provocando un impacto devastador en la infraestructura del litoral. La parroquia Urimare y, en particular, la zona de Catia la Mar, experimentaron una afectación severa, con múltiples edificaciones que sucumbieron ante la magnitud de los movimientos telúricos y extensas áreas urbanas reducidas a escombros. Los esfuerzos de rescate se vieron abrumados por la escala del desastre, y la desesperación de los habitantes se hizo patente ante la ausencia de equipos especializados y la magnitud de la destrucción.
Como consecuencia directa de estos eventos sísmicos, las Residencias Anna Mar sufrieron un colapso total. La estructura de 41,4 metros de altura no logró resistir las intensas fuerzas dinámicas del sismo, perdiendo por completo su volumetría y habitabilidad. Los restos del inmueble quedaron depositados sobre su huella original de 251,9 m², sumándose al panorama de devastación que se documentó a lo largo de Catia la Mar tras los temblores.
Contexto urbano e histórico
El desarrollo de las Residencias Anna Mar se insertó en la expansión de Catia la Mar, una localidad cuya historia se remonta a 1874, cuando fue elevada a la categoría de pueblo bajo el nombre de Olivares, y que en 1966 fue renombrada como Catia la Mar. La parroquia Urimare, donde se ubicaba el edificio, experimentó un crecimiento urbano acelerado a mediados del siglo XX, impulsado por hitos clave como la inauguración de la autopista Caracas-La Guaira en 1953 y la constante modernización del Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Este impulso transformó la región en un polo residencial y turístico, atrayendo inversiones en edificaciones que buscaban capitalizar el atractivo del litoral central. La Calle El Hotel, en particular, formaba parte de un tejido urbano dinámico que albergaba diversos establecimientos de hospitalidad y residencias, reflejando la vocación costera y de servicios de la zona.








